APUNTES SOBRE EL LENGUAJE INCLUSIVO

parati-news-lenguaje-inclusivoSegunda Parte de Apuntes sobre el Lenguaje Inclusivo. Por el Prof. Enrique Luco Montero.


 

Enrique Luco Montero[1]

En la primera parte, vimos de qué manera el Lenguaje Inclusivo (LI) intenta posicionarse como un llamado de atención ante una desigualdad, la lucha legítima por la visibilización de la mujer y de las crecientes agrupaciones y comunidades LGBTIQ. Sin embargo, se ha podido considerar también que no se producen cambios sociales significativos modificando un fenómeno tan antiguo y tan amplio como es la lengua.

Entonces… ¿por qué el fenómeno del LI despierta tantas opiniones, tantos enojos, tantas adhesiones y rechazos? Justamente porque involucra tanto a la lengua (que es de todos), como también preocupaciones sociales, aspectos políticos e ideológicos; y esto, necesariamente requiere una respuesta por parte de la comunidad. En este sentido, la Academia Argentina de Letras (AAL) (2018) sostiene que las diversas propuestas del LI

“son recursos de intervención del discurso público que persiguen el fin de denunciar y poner en evidencia una injusticia en la sociedad. Es decir, no son fenómenos de orden gramatical, sino retórico (y de extraordinaria potencia), puesto que se usan con el fin de crear un efecto, en quien lee o escucha, de toma de conciencia sobre un problema social y cultural”.

Esto implica que

“sea cual fuere el tema de una intervención pública (discurso, charla, artículo, material educativo, tuit, chat grupal, ponencia, entrevista, etc.), cada vez que aparece alguno de estos recursos, se inaugura una segunda capa de sentido que da cuenta de un posicionamiento político del enunciador ante una realidad social, echa luz sobre ella, la actualiza, la denuncia, la hace presente y anima su reconocimiento por parte del auditorio”.

Esta distinción entre “lo gramatical” y “lo retórico” es fundamental. Esto que “se hace” con la lengua “sirve para” mostrar una postura política e ideológica. Por supuesto que esto es así desde siempre (la lengua es el canal ideológico por excelencia), pero en este caso, esa intención es aún más fuerte, porque recae directamente sobre la gramática, pretende cambiarla. Así aparece entonces la idea de “lo simbólicamente subversivo” mencionada más arriba: el objetivo es que se produzca el temblor, que llame la atención, que movilice, para bien o para mal… pero que movilice.

Ahora bien, así como cuando, después de un tiempo, nos acostumbramos a sonidos caseros que al principio nos generaban un malestar tremendo… ¿qué sucedería con ese efecto que causa el LI si se impusiera al uso? El filósofo Darío Sztajnszrajber, en una entrevista con Luis Novaresio (2019), considera que el LI no debería volverse normativo, puesto que perdería su “potencial de reacción”, sino que conviene que se torne, por su mismo efecto, en “una práctica de resistencia permanente” ante las normas totalizadoras; en otras palabras, que siga siendo “esa piedra en el zapato de tantos” (Kalinowski, 2018).

Por último, para retomar la observación lingüística, existen algunas razones que dificultan su pronta viabilidad, más o menos inferidas de lo expuesto anteriormente y mencionadas también por José Luis Moure, presidente de la AAL (2019):

  • por un lado, está claro que la propuesta del LI proviene, todavía, de un sector minoritario que busca establecer por medio de la lengua un valor en torno a un reclamo social (absolutamente legítimo), cuando en realidad, los cambios deberían surgir de la progresiva y lenta necesidad de un considerable grupo de hablantes;
  • por otro, en lugar de simplificar el sistema de la lengua, esta propuesta lo estaría claramente complejizando, al mismo tiempo que desarticularía estructuras morfológicas sedimentadas a lo largo de los siglos, por la conformación histórica del idioma.

De igual modo, la actual pregunta por el LI presupone o amerita una advertencia: no es posible dar respuestas categóricas, todo aquello que pueda ser aceptado o rechazado permanece inestable, puesto que la discusión es demasiado reciente y se corre el riesgo de caer en algunos vacíos: por ejemplo, suele escucharse que el cambio lingüístico propuesto por el LI no se implementa todavía por un “capricho” de la Real Academia Española (RAE). Este es un argumento que presenta algunas imprecisiones. Primero, hoy la Academia no impone nada, sino que registra, clasifica y analiza los fenómenos lingüísticos en el contexto del sistema completo de la lengua, por eso, propone una “Ortografía”, una “Gramática” y un “Diccionario”. Segundo, cuando se toman decisiones que atañen seria y directamente al idioma, no es sólo la RAE la que lo hace, sino las veintitrés Academias de la Lengua Española existentes en el mundo y reunidas en lo que hoy conocemos como la Asociación de Academias de la Lengua Española (ASALE).

No obstante, que resulte una discusión apenas iniciada, no quita que sea urgente atender con seriedad al problema de fondo que repone la discusión: las desigualdades e invisibilizaciones sociales, que son reales y ante las cuales se plantean reclamos loables.

Nuestra lengua es sumamente plástica y creativa (basta pensar, por ejemplo, en las diversas maneras en que usuarios de Twitter se las ingenian para producir originales intervenciones con un límite de 280 caracteres actualmente). No es cierto que sea sexista, aunque sí existen usos verbales evidentemente machistas como

Los argentinos prefieren el buen asado y las bellas mujeres,

ejemplo en el que el masculino (los argentinos) deja ver, con claridad la separación entre hombres y mujeres. Sin embargo, cualquier hablante del español, más o menos observador, entiende sin esfuerzo que, en caso de uso general como los argentinos, todos nosotros, los chicos, los alumnos, los jóvenes, los presentes, etc. el sentido no es el mismo, porque acá el masculino sí funciona como “genérico” o “de género no marcado” en cuyo caso el primer término de la oposición abarca el conjunto designado, sin intención de ocultar el segundo término, el femenino (lo mismo sucede, por ejemplo, con la palabra día en “las horas del día” que abarca tanto el lapso diurno como el nocturno). No obstante, puede suceder que algunos usos habiliten la ambigüedad en la distinción del masculino y femenino: para estos casos, la misma lengua propone viables alternativas como la utilización de sustantivos colectivos y abstractos (el profesorado por los profesores; o la clientela por los clientes), siempre y cuando correspondan a plurales, porque el término la niñez, por ejemplo, no admite plural y, ciertamente, no equivale a los niños o, para los jóvenes no corresponde el término la juventud. Otra posibilidad podría ser el ya mencionado desdoblamiento, para algunas oportunidades y sin que resulte excesivo (Chicos y chicas) o la incorporación de otros elementos (Empleados de ambos sexos o los empleados, tanto hombres como mujeres).

En resumen:

  • La lengua es dinámica, cambia todo el tiempo, al ritmo de la sociedad. Pero modificando el idioma no es como se producen los cambios sociales, el movimiento es inverso.
  • El LI trae a primer plano una problemática real y una lucha legítima: las desigualdades de género y su visibilización. Su intención es de protesta, pretende llamar la atención frente a una injusticia.
  • Por eso, la discusión no es tanto lingüística, sino más bien ideológica y política.
  • La lengua, en sí misma, no es sexista. Aunque sí podemos encontrar expresiones que deliberadamente lo son.
  • Ante esto, el mismo idioma ofrece alternativas para superar la ambigüedad y que no implican un cambio tan inmenso.

En fin, “la lengua es mía, pero no solo mía” indicaba María Teresa Andruetto en su discurso. El idioma, la lengua, las palabras que “brillan como perlas de colores”, como escribe Neruda, es de todos y al mismo tiempo atraviesa los siglos en una dinámica constante de herencias y cambios. Nadie domina su impredecible evolución. Ahora bien, ¿se impondrán en algún momento como norma las propuestas del LI? En lo personal, hoy y por lo expuesto en estas líneas, pienso que no. Aunque a futuro no existe especialista que pueda asegurarlo. En última instancia, sólo podrá saberlo el tiempo y el conjunto total de hablantes del idioma en el mundo. Espero que estos apuntes, parciales y para nada definitivos, hayan servido para considerar con mayor claridad algunas cuestiones y aportar al debate.

Lunes 14 de septiembre de 2020

 

Bibliografía:

[1] Prof. de Lengua y Literatura.

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