Sin esfuerzo: un simulacro con el broche de los goles
Canadá apenas fue un partenaire y la Argentina arrolló 5 a 0, con tantos de Maxi (2), Di María, Tevez y Agüero
El acto era más simbólico y afectivo que competitivo. No se iba a tratar de la ocasión más propicia para juzgar el funcionamiento del seleccionado. Mejor, rodearlo de energía emocional antes de encarar el desafío sudafricano. La despedida de la Argentina de su público tuvo un apartado futbolístico que casi nunca tomó color. La tibieza escribió un guión que se reservó contadas emociones. Sergio Romero no intervino nunca. Nunca, realmente. Fue un ensayo que se quedó a mitad de camino en la pretensión de entretener y mostrar algunas de las virtudes del seleccionado. Para ser jugado en serio, faltó intensidad, algo lógico por las características del encuentro. Y dentro del ritmo relajado que predominó, al equipo de Diego Maradona no le surgió un espíritu muy creativo ni un juego alegre, salvo en las electrizantes apariciones de Tevez, siempre combativo y feroz. El Apache está decidido, mejor, obsesionado, con crearle un problema al DT cuando tenga que resolver el ataque del debut con Nigeria, el 12 de junio.
La prueba no sirvió para ir vislumbrando quiénes serán los titulares para el estreno en el Mundial. Quizá, sólo hayan actuado seis apellidos (Romero, Heinze, Mascherano, Di María y Jonás y Otamendi, aunque estos últimos, en diferentes posiciones) que se repetirán en Johannesburgo, en la apertura del Grupo B. Faltó la zaga central (Demichelis-Samuel), Verón y Messi., nada menos.
En la antesala se creía que Maradona iba a hacer una concesión para el espectáculo al sumar tres puntas, pero la ausencia de Leo Messi (a quien se cuidó por una pequeña contractura en el aductor izquierdo, nada trascendente) dispuso un dibujo diferente, con dos atacantes y Pastore por detrás de ellos. El volante de Palermo ofreció su dinámica vertical, siempre más dispuesto a buscar el gol, aunque no reniega de ser un abastecedor. A diferencia de Verón, Pastore se involucra más con el juego corto e interno, y también se lanza luego de una descarga. Recorre sectores del campo desconocidos para la actual Bruja. Así, recibió una falta al borde del área que Maxi Rodríguez se encargó de ejecutar con fuerza y destreza para abrir el marcador.
Frente a Canadá, siempre pertrechada pero sin recursos para hacerlo con orden, la línea de cuatro defensiva le sobraba a la Argentina; entonces, Jonás surcaba un carril bien largo por la derecha. Desde el galopar de Jonás, la versatilidad de Maxi Rodríguez y, especialmente, desde la innegociable vena competitiva de Tevez, Argentina impuso las condiciones del encuentro. Siempre. Una pérdida de los visitantes dejó en evidencia sus descalabradas coberturas, tanto que la Argentina hilvanó un contraataque (impensado, ¿no?, ante tamaña supremacía) que tras hacer estación en Higuaín y Tevez, Maxi convirtió en gol. Enseguida, el sofocante Tevez ahogó la salida canadiense, forzó el despeje apurado y Di María, receptor de la pelota, sacó un cachetazo de zurda, con exquisito desprecio, que se clavó en el ángulo más lejano del arquero Onstad. Tres goles en 36 minutos. Aunque últimamente hasta los oponentes más débiles habían inquietado a la selección, Canadá nunca desobedeció su papel de pobre partenaire.
Como la idea era que todos pudieran jugar algunos minutos ante su gente, en la segunda etapa hubo seis cambios y el equipo no cedió el control, ya con otras características, como la prolijidad de Bolatti y los cambios de frente de Verón. Hasta hubo minutos decorativos para aplaudir con cariño a Palermo y con algo de sorna a Garcé. Tras el carrusel de modificaciones, sólo completaron los 90 minutos Romero, Burdisso, Otamendi y Jonás. Demasiadas rotaciones para relativizar aún más el tono del choque.
La cadena de errores de Canadá siempre fue una tentación, un cóctel de ingenuidades amateur al servicio del apetito albiceleste. Falló una vez más Hainault, robó Higuaín y sirvió para el toque a la red de Tevez. Sergio Agüero entró y enseguida, para certificar el increíble poder de fuego que reúne este plantel, selló la goleada después que el fondo canadiense comprase el enésimo amago de un atacante argentino. El encuentro nunca había tenido ni visos de equivalencia.
La despedida terminó decorada por toda clase de goles. Es cierto que éste no era un cotejo para sacar conclusiones futbolísticas, sino para ir afianzando el conocimiento de un grupo que es consciente de que está en la etapa final de la puesta a punto y que aún mantiene varios aspectos por trabajar y corregir. La Argentina quiso tener una aparición en sociedad antes de emprender pasado mañana el viaje a Sudáfrica. Una multitud la acompañó en el estadio Monumental, con ese estilo medio remoto, casi teatral, que desde hace años se instaló alrededor de la selección. Un observador medido, nada afecto a las demostraciones volcánicas. Pasó un simulacro de partido que tuvo el siempre bienvenido broche de los goles. Todos saben que la verdadera historia obligará a subir el listón.
DIXIT
“Es bueno tener tantos jugadores porque eso significa que ninguno se puede dormir porque otro le quita el puesto. va a haber una sana competencia para estar entre los 11″
“Llegamos a la copa del mundo en el momento justo. no hay amistoso que valga para esta camiseta. a la gente le digo que se quede tranquila, tenemos buenos jugadores”
“Hoy estoy felíz. cuando se vinieron las más feas, yo sabía que íbamos a tener un presente como el que tenemos”
“En Sudáfrica vamos a buscar la conexión entre Pastore y Messi, Tevez, Milito, Agüero, Palermo. vamos a buscar todos los lugares posibles para entrarle a Nigeria, Corea y Grecia”

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